El ANGLO necesitaba comunicar la calidad de los cursos de inglés particularmente a los jóvenes, de allí que se decidió recurrir al humor a través de la personificación de aquello que a muchos ha dejado afuera de puestos de trabajo: el inglés excluyente.
Este personaje se molesta con las personas que no pronuncian correctamente el idioma, y de cierta manera amenaza continuamente con estar en las próximas entrevistas de trabajo.
El resultado no se hizo esperar y la gente empezó a comentar la campaña al sentirse identificado con la pronunciación errónea o recordando alguna entrevista en la que el inglés los dejó fuera del puesto deseado.
Este es un ejemplo más de que cuando la comunicación busca la identificación del público con el mensaje, éste tiene no sólo una mayor recordación, sino que genera una complicidad que se ve reflejada en el resultado para la empresa.
Inglés excluyente















